Janis, un mito en la intensidad

Fue la primera estrella femenina del rock y se animó a gritarle al mundo que vale la pena desear sin que importe morir. Su poderosa y salvaje voz nos dejó con las ganas, con más ganas de Joplin.

Janis Joplin

Janis Joplin dejó una marca tan profunda en la historia del rock y en el imaginario colectivo que incita a que se la continúe reescribiendo, como en una evocación infinita. Y lo que se escribe o edita de ella siempre suena repetido e insuficiente. Tal vez porque refiere a una existencia de sólo 27 años y a una vida artística de apenas cuatro o cinco, un tiempo veloz que supo atravesar con total intensidad.

Murió el 4 de octubre de 1970 tras inyectarse, sin saberlo, heroína en un estado tan puro como para matar a un caballo. Fotos, entrevistas e imágenes de festivales en los que participó hasta ese año, se reeditan en cada aniversario una y otra vez. Así, el material fragmentado sobre su vida se presenta como piezas de un rompecabeza que, al completarse, siempre concluyen en un resultado estético y narrativo similar. Y la sensación siempre es la misma: quedarnos con más ganas de Janis.

Además de las múltiples biografías, un enésimo documental se estrenó en el Festival de Venecia a mediados de 2015, a 45 años de su muerte. Mientras que el trailer oficial de Janis: little girl blue insinúa más de lo mismo, en sus anuncios la película promete el resultado de ocho años de investigación de Amy Berg. Según los boletines de prensa, la realizadora indaga especialmente en la fragilidad de la cantante, su desamparo y el dolor escondido detrás de su actitud desenfadada. Aunque el abordaje suena conocido, habrá que dejarle lugar a la esperanza para ver si el documental trae algo nuevo.

Otro anuncio es el de la película de ficción  Get It While You Can que toma el nombre de una canción del álbum Pearl que se grababa al momento de su muerte y luego se editó en forma póstuma. Se trata de un proyecto del realizador canadiense Jean-Marc Vallée, aún no fue estrenada y tendría como protagonista a Amy Adams.

Entonces, si las versiones se multiplican y los resultados se asemejan ¿por qué no ensayar una versión más? Después de todo, es un derecho que nos asiste a cualquier mortal conmovido por su música y por esa forma tan particular que tuvo de interpretarse a sí misma.

Los primeros recuerdos de Joplin vienen de mi infancia, a través de la tele. Por esa manía selectiva y a veces confusa que tiene la memoria, hoy resulta difícil identificar si aquellas primeras imágenes formaron parte de alguna entrevista o grabación difundidas a modo de homenaje por su muerte prematura o se trató de ediciones posteriores.

Lo cierto es que aún impacta esa estética contracultural que exibía sin pudor a través de las plumas y las pieles en la cabeza, los brillos de su ropa en cada show, un total desenfado para contestar las preguntas más incómodas sobre su sexualidad, la risa irónica, sus patadas de texana sobre el escenario, su postura transgresora. En fin, esas ganas de beberse la vida de un solo trago.

Joplin pearlY luego aparece la fascinación por la vitalidad que transmitía y aún transmite su voz, salvaje, histriónica, libre y disparada sin red al vacío del mundo; por esa manera tan auténtica de mostrar todo de sí misma sin guardarse nada También por aventurarse a encarnar un feminismo más instintivo que ideológico.

Si hay una leyenda del rock es ella. Considerada un ícono de transición entre los movimientos de la generación beat que plantó las semillas  libertarias y el hipismo que las cultivó, nació a principios de 1943, en Port Arhur. Esa localidad del estado de Texas formaba parte de la ruta del petróleo y en aquellos tiempos sus habitantes vivían agitados por la segregación racial.

Algunos de sus contemporáneos aseguran que los blues de Bessie Smith y otros que escuchó en su adolescencia la consolaron de las secuelas que sufrió por el acoso escolar y fueron síntoma de su adhesión en la causa por la igualdad de las minorías negras. A los 17 empezó a cantar blues, melodías folk y baladas en bares de Lousiana a cambio de bebidas, por gusto nomas.

En la primavera de los años sesenta se adelantó a la tendencia que siguieron muchos jóvenes cuando la libertad los empujaba a San Francisco. En California y lejos del eslogan del american way of life que encarnaba su ciudad natal, su talento explotó y su musicalidad se reveló en una brutal transformación. Su voz, en sintonía con el proceso de pasaje del blue hacia el rock, empezó a escucharse en los principales festivales, conmovió a Monterey, en 1968, y al año siguiente se impuso en Woodstock.

En fin, todos datos que van y vienen, información que se repite en forma circular alimentando al mito y también deformándolo. Intentaremos entonces, evitar lugares comunes del gran relato como la adicción a la heroína y al alcohol, su discutida bisexualidad, el  abandono de sus amores no correspondidos, su desolación expresada en aquella famosa frase que se le atribuye: “En el escenario le hago el amor a 25.000 personas diferentes. Luego me voy sola a casa”. Muchos de sus biógrafos y documentalistas se ocuparon demasiado de sus asuntos existenciales y aún se empeñan en diseccionar impúdicamente su tristeza. La pregunta es si vale la pena.

Porque el legado más importante de Joplin fue su voz. Vale la pena disfrutar esa voz en tránsito y en trance, voz que se fue consolidando desde las primeras melodías ablusadas e impregnadas de una fuerte marca negra, hacia la estridencia del rock, pasaje que se percibe en la mayoría de sus canciones.  Es imposible conocer cuál hubiera sido la impresión de George Gershwin –tampoco tienen sentido las especulaciones históricas– al escuchar Summertime, de su ópera Porgy y Bess, en la versión de Joplin.

Esos contrastes y estridencias de su voz alcanzan su expresión más alta en Cry Baby, escrita por el compositor Jerry Ragovoy y musicalizada a través de la impronta soul de Bert Bern; ambos también fueron creadores de otros de los temas emblemáticos del repetorio de Janis, Piece of My Heart, que interpretó junto a su primera banda  de peso, la Big Brother and the Holding Company. La versión más conocida que circula por internet es el concierto que dieron en Alemania, en 1968.

Durante los seis minutos del tema, Joplin revela un registro poderoso. El alto grado de dramatismo que despliega y su grito en sincronía con los inicios del rock y su propia vida, en momentos decae en forma abrupta y retorna a los orígenes del blue. O en realidad nunca los abandona.

En algunos momentos, su voz se desvanece y agrava hasta convertirse en un susurro o ensaya un fraseo melancólico. Y en otros, vuelve a la estridencia visceral, vital, primitiva de esa mujer que se instaló en una soledad absoluta en el centro del rock.

Como contraste a esta particular interpretación, se puede escuchar otra versión de la misma canción –en realidad, la original– adonde el tono soul y prolijo de Garnet Mimms & the Enchanters expresa mucho menos que el Cry… de Janis.

A igual que ocurría con otras expresiones artísticas y con la vida pública, en los momentos iniciales del rock la participación de las mujeres solo se filtraba por algún hueco y Joplin fue casi una excepción (también hay que recordar a Grace Slick y otras contempráneas, aunque contadas con los dedos de una mano) . No era fácil hacerse un lugar en un género musical dominado por los varones.

Aún en el marco del movimiento hippie que empezó a pregonar la liberación sexual y el amor libre, la defensa se los derechos de la mujer era un concepto que aún no tenía una correspondencia real hacia el interior de las comunidades, adonde mucha jóvenes terminaban asumiendo roles domésticos similares a los que imponía el patriarcado. Por eso, la irrupción de Joplin en la escena del rock es doblemente valiosa, por su talento musical y por la brecha que abrió en total soledad.

Decía sobre el particular vínculo que la unía a su oficio y la diferenciaba de otras cantantes de su época: «Nunca entendí porque me resulta tan natural. No sé, no es muy femenino tal vez entrar en la música verdaderamente, entrar en la esencia de la música y no quedar en la superficie como muchas cantantes hacen. Ellas se quedan en la superficie en vez de sentir la música».

Luego, la lucha y la inclusión de las mujeres empezaría a consolidarse de a poco y no sin tropiezos, a través de banderas empuñadas por otras voces. Como lo hizo la militante feminista punk Patti Smith quien, curiosamente, se cruzó con Joplin para mostrarle sus poemas en un bar, apenas unas semanas antes de su muerte.

Mientras que el de Japlin fue un feminismo instintivo porque se rebeló a los estereotipos femeninos y se mostró como la contracara de la cultura pin up de la década del cincuenta, Smith aportó su caudal ideológico; y le dio sentido a las reivindicaciones de género en una etapa inmediatamente posterior.

Janis JoplinEsa actitud de constante transgresión de Joplin se infiere en varias entrevistas, especialmente las realizadas por Dick Cavett. En uno de sus programas televisivos a los que asistió, no sólo mostró una actuación brillante sino descolló por el diálogo que estableció con el periodista. Además de contestar airosamente sus preguntas, en medio del juego revirtió el rol de entrevistada y terminó interpelándolo, con bromas acerca de sus zapatos inadecuados o disparando preguntas que hasta llegaron a incomodarlo.

Ese segundo y último reportaje del Dick Cavett Show fue unos meses antes de la muerte de Joplin.  Las imágenes muestran a una joven exéntrica y segura de sí misma. Adornada con un tocado de plumas verdes, fucsias y violetas, que luego de cantar se sienta algo exausta para iniciar la entrevista. En el intercambio que se construye entre ambos no se percibe esa tristeza y fragilidad que le atribuyeron las biografías que tanto indagaron sobre su intimidad.  Además del tono locuaz, su pasión por la música se expresa con la misma intensidad  como cuando se refiere a su ansiosa búsqueda de amor, siempre presente en las letras de sus canciones. Justamente en el momento en que Cavett la interroga sobre el contenido de sus temas, tanto versiones como propios, ella opina sobre los vínculos amorosos y el sexo. El fragmento del diálogo muestra su desenfado al referirse a los hombres:

Joplin. — ¿Viste esas carrozas con mulas? Son tiradas por una mula boba. Y ellas tienen una vara con una cuerda y una zanahoria. Y las mantienen en su nariz. Y la mula corre atrás de ella el día entero…
Cavett. — ¿Y quién es el hombre en esa parábola? ¿la mula o la persona con la zanahoria?
Joplin.La mujer es la mula, cazando alguien que la usa para provocarla.
Cavett. —Siempre cazando al hombre que solo la elude…
Joplin. —Bien, ellos siempre prometen más de lo que están preparados para dar — increpa Janis al entrevistador
Cavett. —¡Debo defender mi sexo, señoras y señores! (mirando a la cámara en actitud de sorpresa)
Joplin.—¡Bueno, vaya para adelante entonces! (risas de él y aplausos del público)
Cavett.—Bien, en la pulseada ganaste tú….

En otra entrevista realizada durante su gira en Londres, en 1969, volvió a uno de sus temas preferidos, comparar el sexo con los sentimientos que le despertaba actuar en un escenario:  “Te sientes a ti misma como cuando haces el amor con alguien. Sabes que estás totalmente metida en ese momento y entonces crees que durará para siempre. Es lo mismo cuando canto. Me siento dentro de mí misma…y eso se convierte en algo total, en la totalidad. Por eso me llena tanto, porque es real”.

Tan real como la muerte que la sorprendió cuando grababa su cuartó álbum, Pearl, junto a la banda Full Tilt Boogie Band . Los temas fueron recopilados por el sello Columbia, tres meses después de su fallecimiento. También se incluyó el tema Mercedes Benz, cantado a capella, y resulta conmovedor escucharlo, a sabiendas que fue su última canción.

Al final de la grabación se escucha su risa y de nuevo irrumpe la pregunta en torno a su estado blue, esa tristeza en la que tantos indagaron. En realidad no comprendieron, no es la de ella sino la nuestra.

 

 

 

 

2 Publicación en “Janis, un mito en la intensidad

  1. No creo que haya sido una mujer triste, cuando se es visceral la vida se encara de otra manera. Muy buena la nota y sobre todo muy buena la selección de temas!
    Saludos

  2. Es mágico y delicioso seguir tu relato, las fotos y la seleccion de esa voz y esos temas que conmueven lomás profundo de mi alma… gracias por traer a mi recuerdo aquellos años y la intensidad de una mujer bella y maravillosa…
    tus palabras y el sentir rescatan parte de la música que nos habita y que nos ayudan a vivir este presente, gracias, Mariela, maravilloso!!!

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